(Des)encuentros

En este instante me encantaría empezar a conocerte, seguir con mi mirada el rastro de los pasos que te trajeron hasta donde estás ahora. Cuéntame tu historia, te diría…

Quiero saberlo todo, desde si has descubierto ya la paz que da respirar el aire de las montañas, hasta si tienes una postura determinada para dormir en los viajes largos en coche o sencillamente, improvisas la comodidad.

Volvería a descoserme el pecho para que tu pudieras asomarte y entendieras mis huidas, saborearas mi esencia y quizás, pudieras acurrucarte entre ambos ventrículos y así sentirte más a salvo, más en casa… ser refugio para tus exhaustos pies y estímulo de tus despiertas ganas.

Y es que a veces, ocurre que dos almas se cruzan y joder, que putada no poder pararme a saborearte los sueños, lamerte las heridas, prestarte mis zapatos, contarte que este mundo puede ser un lugar casi tan hermoso como el preludio de tu vuelo más alto e intenso. Y es que a veces, el calor del sol te pilla tan a deshora, que ciega…

Y es que en ocasiones, mece tan en calma e mar, cuando y has tragado medio océano y perdido en el la mitad de tus tesoros… Me encantaría decirte que despierto junto al amanecer, pero es cuando el sol se pone el momento en que mi naturaleza se abre camino. Aprendí a amar a la luna y a su infinita mirada de loba.

Y es que a veces, me pararía en seco para zambullirme en tus ojos clavados en mi nuca.Que no podemos soñarnos al oído, ni dormirnos despacito entre cómodos silencios.

Léeme la vida, te diría… desde el final hasta el principio, derribando muros y acunando besos. Besos de esos, que se lanzan de un andén al otro, pille tren por en medio, o no… Pídele a la vida una tregua en mi nombre, yo enciendo el corazón aunque chirríe el engranaje. Nos quedamos en el condicional.

No te contaré que desde hace algo más de veinticuatro años me relajo y tranquilizo deslizando mis mechones entre los dedos… es uno de mis “desde siempre”. No te contaré que existe un lugar, un valle precioso, donde hay un roca inmensa cerca de río. La llamábamos la roca madre y cuando jugábamos a buscar el tesoro siempre escondíamos alguna pista ahí. Es el mismo valle que habita en mi pierna izquierda.

No te contaré que soy de la montaña, de los caminos de tierra y las moras de sus zarzales. Que he sido muy pocas veces del mar, y que cuando lo he sido, casi me ahogo. Que me encantan los juegos de mesa, me pasaría horas dejándome atrapar por ellos…

No te contaré lo que siento al terminar mi trabajo diario en el monte, cenar algo delicioso y después cantar y tocar la guitarra hasta que el sueño vence.. Ahí el cielo siempre esta estrellado y hasta la ropa tendida tiene magia.

En muchos instantes me do cuenta de como castra este sistema las ganas… y es entonces cundo más me invade la tristeza. Que he aprendido a disfrutar en soledad mientras espero algún tren. Sigo sin encontrar la tierra que abrace mis raíces, sigo sin conseguir que mis nudillos rimen con las horas.

Volvería a aquella madrugada. Ya te guardo como tesoro. Difuminaré con dolor tus maullidos, te naufragaré en mi océano, te reviviré breve e intenso. Como los mejores vuelos, como los mejores (des)encuentros.

(Des)encuentros

Libre y salvaje

Llega un instante de paz,
la piel vuelve a ser piel,
el viento silva en guerra.

Ella,
se entrega al descanso y recuerda,
que respirar abriendo las costillas…
…alivia el alma…

Torbellino de dolor,
enjambre de dudas,
sigue fiel a su instinto.

Se atropella con las voces,
de tan sórdido mundo.
Se detienen sus latidos,
cuando se intenta cuerda.

Hipnotiza al diablo con su impotencia,
pierde el equilibrio del roto mal cosido.
Aprieta los dientes
y alimenta sus pesares
con más hambre.

Caprichoso recuerdo,
déjala palparse fuerte,
anclarse a sus entrañas,
desnudarse entre estas ruinas.

Se cuelga de la tormenta y
anhela el cielo en calma…
que deshaga el nudo en la garganta.
que se encienda la verdad,
que grita su mirada.

La he visto en paz.
Y creo que brotaba.

Libre y salvaje

La insurrección que se avecina en mis adentros

No es la ausencia del miedo,

sino mi amor por las alas que me nacen en los pies

cuando camino hacia donde quiero.

Seguid reventando vuestras suelas contra mis derechos.

Mientras,

las mías continuarán pisando firme,

escandalizando vuestros irrisorios protocolos,

llevándome lejos de tanto odio…

Decidí besarme las llagas,

comprender mi llanto más oscuro

y quererme guerrera en este mundo.

Cuanto más alto canto,

más fuerte me gritan las ganas de enzarzarme en mi lucha,

agotar mis sueños en ella,

sangrar mis manos abriendo jaulas y mentes.

Joder,

y corazones.

Tras romperme el pecho y caer la noche,

abrazarme a la paz de un alma amiga,

hacerme un nido en su pelo y llenar las horas de palabras

que miran hacia dentro y no quieren huir.

Descansar en calor.

No lamento darme de ostias contra este sistema sin cesar,

pues cada mañana me ahoga en tristeza

y no me parecería justo emplear mis lágrimas de otro modo

que no fuera lanzarlas como flechas hasta su hogar,

que se zampa los nuestros

y nos deja pasar frío.

Esta extenuación no puede con mi llama.

Estas botas,

no cederán,

todavía tienen mucho por caminar.

La insurrección que se avecina en mis adentros

Los valientes están repletos de huídas

Nadie lo ha confesado hasta ahora pero,

los refugios son hijos del miedo y el amor.

Ahora entiendo por que me atrae tanto cobijar a corazones rotos.

Refugio con goteras, corrientes de aire,

rotos y descosidos en el edredón,

pero refugio al fin y al rato.

El azul también puede ser un color cálido.

El mar ha ardido en tantas ocasiones…

que una sonrisa puede ser el preludio de un llanto inundabares

y una verdad la peor promesa.

Y este refugio, aún con los muebles a tu gusto,

sigue abriéndose con la única llave que guardas

bajo tus peculiares ataques de feliz locura.

De veras me pregunto que hago esperando(te) todavía en casa

si no recuerdas ni el camino de vuelta.

Torpe de mi,

sigo encendiendo un buen fuego cada atardecer,

por si vuelves con los pies fríos y el alma hambrienta

de un poco de valentía.

Ya no cabes en mis ojos, y yo no vivo en los tuyos…

ambas lo sabemos,

pero quiero cumplir todos nuestros sueños

aunque solo sea en mis poemas.

Los valientes están repletos de huídas

Hasta mañana si Dios quiere

Hasta mañana si Dios quiere.

Y yo, que soy la antítesis de lo cristianamente correcto,

yo, que me enamoro de mujeres bonitas

y lucho por un futuro más justo y cálido para ellas.

Yo, que nunca entendí tu profunda fe en aquel dios tuyo,

te hago Diosa.

Te pido Diosa, con forma de estrella y alma de ángel de la guarda.

Todavía respiro tu mirada cristalina,

suplicante de vida,

con carcajadas en las yemas de los dedos,

que me acariciaron siempre con tanta ternura que,

tan fuerte…

que no te marches nunca.

Comprendí que tu amor nunca iba a herirme

y que tú amarías hasta el cielo

mi denso camino hacia mi misma.

¿Cuánto cariño cabe en una cucharada, Abuela?

Tanto como paciencia y bondad hay en ti.

Porque tú eres y siempre serás.

Tú tienes ese poder,

esa magia,

ese duende.

Esa paz.

Y, de acuerdo, lo reconozco.

Quiero repetir potaje

y de postre un flan de vainilla,

o de lo que tú quieras,

pero vuelve a preguntármelo,

que me he quedado con mucho hambre de ti.

Prometo decirte que sí,

a la primera.

Cuando abrías la puerta,

cuando el timbre de las ocho sonaba a ti,

cuando me mirabas con orgullo

y yo apretaba los labios feliz, a salvo.

Joder, y tu mano en mi mano, en mi brazo, en mi pelo…

Lo siento, Abuela,

es que siempre les he visto una parte muy bella a las palabrotas.

Que no puedo dormir

y rezaría un rosario entero por volver a verte sonreír

con esa arruguita tan graciosa

que se te hacía debajo de la nariz.

Me sobra tu ausencia y me falta tu voz.

Háblame

Odio más los adioses que a tu Dios.

Y tus despedidas son preciosas…

Así que, hasta mañana si Dios quiere, Abuela…

 

(-Yo sí quiero -pensaba cada noche hacia mis adentros).

Hasta mañana si Dios quiere

Quererte bien

Que a mi

la invasión de la tristeza

contigo me dura tres minutos,

y si hace sol

le restamos diez.

En seguida me vence el quererte libre,

grande, bonito y bien.

Bien de verdad.

Bien de ser tu Hogar ante cualquier pretexto

y dejarte siempre la llave bajo el felpudo.

Bien de subirte a mis hombros

para que veas como brilla la luna

y olvides que la envuelve la oscuridad…

Bien de dejar mi mano donde tú la veas y decidas

si agarrarte fuerte a ella

o correr en otra dirección.

Quererte bien de quererme bien a mi.

Bien con la B con la que no se atrevieron a escribir “valiente“,

donde todas las calles que pises

darán a Casa

y donde tus miedos se desvanezcan

del buen calor que se respira cuando uno vuelve a donde pertenece.

Quererte bien

Me quedo conmigo

Y a veces, me maldigo por desear que aparezca alguien

que llene mis soledades en vez de conformarme con este amarme a mi,

que tan bien me rescata.

Pero es que a veces,

necesito caricias en aquellos rincones a los que yo no alcanzo,

ni poniéndome tan de puntillas como me enseñó tu huída.

Luego recuerdo

que no creo en la posibilidad de encontrar a nadie más

que duerma con calcetines y conduzca descalza.

Y acto seguido me confieso,

que no quiero a alguien más.

Te dejaste tanto amor aquí,

que me da para unas cuantas vidas llenas de eclipses

con noches que conecten tus pupilas a mis lunas llenas.

Este coraje tan típico de mi, cuando se trata de ti

y que tan pocas veces se asoma

cuando quien esta en juego soy yo.

Deberías contemplar cómo me desnudo ahora,

de qué manera me derrumbo,

y observar cómo escuecen los amaneceres fríos.

Encontrarías belleza a raudales,

al fin estarías siendo valiente

y andarías un poco más en paz con mi dolor.

Finalmente hoy, me quedo conmigo.

Me quedo conmigo