Puta y Libre

Sí, es un pezón.
Mi desnudo pezón.
Mío.
Y a día de hoy, en los tiempos que siguen corriendo, es uno de mis más valiosos símbolos de libertad.
El pezón, porque ya no pecho, que me hace puta en esta sociedad.
Esta, que diariamente me llena las retinas de violencia, el plato de veneno y me cambia el tiempo por opresión.
Esta sociedad corrupta y desalmada, que alienta la desigualdad, trafica con el hambre y negocia con mi libertad.
Esta, que me señala con vergüenza y me bautiza como puta. Como mujer, mujer puta, con pezones reales coronando robustos pechos, aceptados para ponersela dura a cualquiera pero rechazados para alimentar en público, o para sencillamente hacerme libre.
Es tanta la distancia que va creciendo entre nuestros principios, maldita sociedad, pero sigue siendo tan corta cuando mis pezones hieren tu vergüenza mientras eso a mi, me mata un poco más… tú has convertido mis socialmente considerados órganos femeninos en armas más potentes que tu censura persistente a mi naturaleza.
Tu agresión a mi esencia me enfurece tanto como me masturba reconocerme puta y libre, con las bragas llenas de sangre y la mirada ardiendo en deseos de verte morir.
Y ahora, censurarme, borradme de nuevo, mientras a mi derecha sigue creciendo desde la publicidad de violencia más macabra hasta la más sutil.
pezón.jpgCastígame una vez más por amarme sin ti y, por que no, contra ti.

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Puta y Libre

Aquí y ahora

…Que tu abrazo esperara tan lejos de mi cuerpo…

Que te quiero vivir ahora…
Cuando mi piel se eriza
al oírte caminar,
cuando se crea un espacio
infranqueable de paz
en mi pecho -ya hace tiempo desprotegido-
donde tú te echas a bailar
y yo me tumbo de espaldas
sobre las algas más verdad que el cielo.

Ahora, que anocheces tan cerca y dentro
con el alma dilatada y encogida,
con las alas extendidas
y los párpados descansando
bajo mis labios.

Y te cumpliría cada noche
en las estrellas fugaces que tú ves
mientras yo me zambullo
en el pantano que habita
en el fondo de tu mirada.

Tus latidos en mi mejilla,
tus pies arropándose tras mi espalda,
tus dedos existiendo tan dentro de mí,
tu voz resbalando ppor mis paredes,
tan poco recién pintadas
pero tan salvajemente amadas…

Tus yemas sobre mis costillas,
impacientes por crear un cosmos
donde abandonarse a los imposibles
que el mundo se empeña en negarles.

Mis rodillas abrazando tu cintura,
sembrando presente,
instantes fugaces que aprietan
tan fuerte mi existencia que…
…joder, ya sabes.

Contémplame bajo más lunas llenas,
coleccionemos mantas y atardeceres.
Contágiate de la valentia que
visten mis ganas de exponer
mi vulnerabilidad a aquello
que todavía puede brindarme
las más puras lágrimas
que jamás quise llorar.

Y tras saberte tan tuyo
en mi pelo caos
y mi instinto despeinado,
nos descansemos en confianza.

Con menos peso,
instinto certero,
más huellas
de trotarnos en las subidas
y bajarnos corriendo
en el descenso de las montañas.
Repletos del hambre que
solo siembra el deborarse en versos,
oliendo el cuerpo a vivo,
frotado por romero y tierra…
Tierra
de esa que no hace presas las raíces
y permite saltar tan alto
como nubes caben en su refugio.

Recorrería tu espalda
con las palmas de los pies,
tiernas y sensibles,
tras mucho tiempo…
Pues la ternura suele morir en fortaleza,
y las piedras ya se encuentran cómodas
bajo mis talones que,
insisto,
se deshacen en sentidos,
aún por inverntar,
ante tu desnudo aquí y ahora…

Y soñar ya no se qué,
con la almohada
a los pies de la cama
y contigo entre las piernas.

Cada vez más real y
cada vez menos miedo.

Tan cuerda de guitarra,
tan tócame con pasión,
tan gaita rebosante de viento,
tan sóplame hasta cumplirme…
Tan lánzate
desde donde me mandas cartas.

Cargarme el riesgo al hombro
y dejarme caer
a tu frío abandonado
ante este cálido reencuentro.

Rendirme temblando
entre tus manos,
besar sus plamas con cuidado,
fluir en sangre
hasta ensuciarme de agua,
desafiarte a nadar
entre mis grises más ásperos,
brotarme nueva en cada orgasmo,
derribarnos formales y ausentes,
admirarnos dulces y puros.

Ser eco de sollozos y carcajadas
en nuestra guerra
de a ver quien abraza más fuerte
y quien es hoy más hermosx
en el mirar del otrx…

Que quiero vivirte ahora,
con el ombligo ofreciendo su infinito,
con la rodillas peladas
de alegrarme de verte,
sin fantasmas
y el corazón tan rojo,
que menuda puesta de sol en mis entrañas…

No quiero terminar,
me opongo a los imponentes
y sentenciarios puntos solitarios.
Nos siembro de suspensivos
y de semillas de perejil,
de eso también…

Mi inspiración se arranca en detalles
que como ahora,
me gusta que,
a punto de ser ruido sin testigos
en medio de un bosque desolado,
tú (re)conozcas íntimos.
Y me aprietes fuerte contra tu pecho,
víctima de calor más casa
y de las plumas más nómadas,
amando a bocajarro
aquello que antes temieron.

Seamos ahora,
que llevamos tiempo ocurriendo…

No seques mis lágrimas,
respiras en ellas…

Sigue desnudámdome verdades que
ya habían comenzado a vencerse
a la locura.

Si decides entregarte conmigo,
a vivirnos ahora,
te prometo que seguiré
descalza en tu bosque
y desnuda en tu estómago,
con las palmas de las manos
hacia arriba y el pecho abierto.
Existiendo en la luna
y en sus misteriosos ciclos…
Muriendo ante cada injusticia,
luchando salvaje,
siendome leal.
Y acariciarte cada expresión
de vida en el rostro,
hasta dormirte a cómodos silencios
mienstras tus sueños
empiezan en viernes…

No es poesía,
eres tú,
…descalzándote aliviado.

Aquí y ahora

Y entonces… me reconocí hermosa dentro del cambio.

Mi cuerpo se destiñe

y el impulso me pide soltar

parte de mi crecido cabello,

como si ya no me sirviera la piel de ayer.

Y las caricias que ésta recogia

se estuvieran cayendo con ella,

como si la supervivencia volviera a asaltar las fronteras de mi cuerpo

para mantenerme viva

en este naufrago presente.

Como si los mechones que se encontraban cómodos y seguros creciendo en mi cabeza durante estos últimos meses,

ya no encontraran razón de existir

y se rindieran al olvido,

dejando expuesto mi crudo y bello cuero cavelludo

frente a una realidad en la que

debera lucharse recien brotado,

de nuevo.

Mi cuerpo me pide cambio,

para que mi corazón pueda latir

otra vez fuera de casa,

se calce las botas,

se recoja el pelo

y se lance la mochila a la espalda.

Con tanto frio

como amor en los recuerdos,

tan reciente

como el persistente sabor a vida

en las yemas de mis dedos.

Mi cuerpo y mi alma se hablan

y se escuchan,

y yo,

tengo que estar a la altura del respeto con el que me homenajean,

con esta voraz supervivencia.

Y entonces… me reconocí hermosa dentro del cambio.

(Des)encuentros

En este instante me encantaría empezar a conocerte, seguir con mi mirada el rastro de los pasos que te trajeron hasta donde estás ahora. Cuéntame tu historia, te diría…

Quiero saberlo todo, desde si has descubierto ya la paz que da respirar el aire de las montañas, hasta si tienes una postura determinada para dormir en los viajes largos en coche o sencillamente, improvisas la comodidad.

Volvería a descoserme el pecho para que tu pudieras asomarte y entendieras mis huidas, saborearas mi esencia y quizás, pudieras acurrucarte entre ambos ventrículos y así sentirte más a salvo, más en casa… ser refugio para tus exhaustos pies y estímulo de tus despiertas ganas.

Y es que a veces, ocurre que dos almas se cruzan y joder, que putada no poder pararme a saborearte los sueños, lamerte las heridas, prestarte mis zapatos, contarte que este mundo puede ser un lugar casi tan hermoso como el preludio de tu vuelo más alto e intenso. Y es que a veces, el calor del sol te pilla tan a deshora, que ciega…

Y es que en ocasiones, mece tan en calma e mar, cuando ya has tragado medio océano y perdido en él la mitad de tus tesoros… Me encantaría decirte que despierto junto al amanecer, pero es cuando el sol se pone el momento en el que mi naturaleza se abre camino. Aprendí a amar a la luna y a su infinita mirada de loba.

Y es que a veces, me pararía en seco para zambullirme en tus ojos clavados en mi nuca. Que no podemos soñarnos al oído, ni dormirnos despacito entre cómodos silencios.

Léeme la vida, te diría… desde el final hasta el principio, derribando muros y acunando besos. Besos de esos, que se lanzan de un andén al otro, pille tren por en medio, o no… Pídele a la vida una tregua en mi nombre, yo enciendo el corazón aunque chirríe el engranaje. Nos quedamos en el condicional.

No te contaré que desde hace algo más de veinticuatro años me relajo y tranquilizo deslizando mis mechones entre los dedos… es uno de mis “desde siempre”. No te contaré que existe un lugar, un valle precioso, donde hay una roca inmensa cerca del río. La llamábamos la roca madre y cuando jugábamos a buscar el tesoro siempre escondíamos alguna pista ahí. Es el mismo valle que habita en mi pierna izquierda.

No te contaré que soy de la montaña, de los caminos de tierra y las moras de sus zarzales. Que he sido muy pocas veces del mar, y que cuando lo he sido, casi me ahogo. Que me encantan los juegos de mesa, me pasaría horas dejándome atrapar por ellos…

No te contaré lo que siento al terminar mi trabajo diario en el monte, cenar algo delicioso y después cantar y tocar la guitarra hasta que el sueño vence.. Ahí el cielo siempre esta estrellado y hasta la ropa tendida tiene magia.

En muchos instantes me doy cuenta de como castra este sistema las ganas… y es entonces cuando más me invade la tristeza. Que he aprendido a disfrutar en soledad mientras espero algún tren. Sigo sin encontrar la tierra que abrace mis raíces, sigo sin conseguir que mis nudillos rimen con las horas.

Volvería a aquella madrugada. Ya te guardo como tesoro. Difuminaré con dolor tus maullidos, te naufragaré en mi océano, te reviviré breve e intenso. Como los mejores vuelos, como los mejores (des)encuentros.

(Des)encuentros

Libre y salvaje

Llega un instante de paz,
la piel vuelve a ser piel,
el viento silva en guerra.

Ella,
se entrega al descanso y recuerda,
que respirar abriendo las costillas…
…alivia el alma…

Torbellino de dolor,
enjambre de dudas,
sigue fiel a su instinto.

Se atropella con las voces,
de tan sórdido mundo.
Se detienen sus latidos,
cuando se intenta cuerda.

Hipnotiza al diablo con su impotencia,
pierde el equilibrio del roto mal cosido.
Aprieta los dientes
y alimenta sus pesares
con más hambre.

Caprichoso recuerdo,
déjala palparse fuerte,
anclarse a sus entrañas,
desnudarse entre estas ruinas.

Se cuelga de la tormenta y
anhela el cielo en calma…
que deshaga el nudo en la garganta.
que se encienda la verdad,
que grita su mirada.

La he visto en paz.
Y creo que brotaba.

Libre y salvaje

La insurrección que se avecina en mis adentros

No es la ausencia del miedo,

sino mi amor por las alas que me nacen en los pies

cuando camino hacia donde quiero.

Seguid reventando vuestras suelas contra mis derechos.

Mientras,

las mías continuarán pisando firme,

escandalizando vuestros irrisorios protocolos,

llevándome lejos de tanto odio…

Decidí besarme las llagas,

comprender mi llanto más oscuro

y quererme guerrera en este mundo.

Cuanto más alto canto,

más fuerte me gritan las ganas de enzarzarme en mi lucha,

agotar mis sueños en ella,

sangrar mis manos abriendo jaulas y mentes.

Joder,

y corazones.

Tras romperme el pecho y caer la noche,

abrazarme a la paz de un alma amiga,

hacerme un nido en su pelo y llenar las horas de palabras

que miran hacia dentro y no quieren huir.

Descansar en calor.

No lamento darme de ostias contra este sistema sin cesar,

pues cada mañana me ahoga en tristeza

y no me parecería justo emplear mis lágrimas de otro modo

que no fuera lanzarlas como flechas hasta su hogar,

que se zampa los nuestros

y nos deja pasar frío.

Esta extenuación no puede con mi llama.

Estas botas,

no cederán,

todavía tienen mucho por caminar.

La insurrección que se avecina en mis adentros

Los valientes están repletos de huídas

Nadie lo ha confesado hasta ahora pero,

los refugios son hijos del miedo y el amor.

Ahora entiendo por que me atrae tanto cobijar a corazones rotos.

Refugio con goteras, corrientes de aire,

rotos y descosidos en el edredón,

pero refugio al fin y al rato.

El azul también puede ser un color cálido.

El mar ha ardido en tantas ocasiones…

que una sonrisa puede ser el preludio de un llanto inundabares

y una verdad la peor promesa.

Y este refugio, aún con los muebles a tu gusto,

sigue abriéndose con la única llave que guardas

bajo tus peculiares ataques de feliz locura.

De veras me pregunto que hago esperando(te) todavía en casa

si no recuerdas ni el camino de vuelta.

Torpe de mi,

sigo encendiendo un buen fuego cada atardecer,

por si vuelves con los pies fríos y el alma hambrienta

de un poco de valentía.

Ya no cabes en mis ojos, y yo no vivo en los tuyos…

ambas lo sabemos,

pero quiero cumplir todos nuestros sueños

aunque solo sea en mis poemas.

Los valientes están repletos de huídas